viernes, 17 de mayo de 2013

Cuál es el origen de la puntuación del tenis

La puntuación del tenis es, cuanto menos, extraña: Empiezan con amor (love), luego puntúan 15, 30, 40 y hacen un juego. ¿Por qué lo hacen tan complicado? ¿Cuál es el origen de este sistema de puntuación? 

Este tenista se ha quedado así cuando le han contado de dónde viene la puntuación del tenis. Si no quieres quedarte igual, sigue leyendo. [link]
Durante muchos años, mi teoría personal es que había un interés oculto y oscuro por que el tenis se viera como un deporte inaccesible y elitista. Y para ello, se les ocurrió un sistema de puntuación absurdo y complicado que evitara despertar el interés en alguien que apenas supiera sumar. Por supuesto, esta teoría se me desmoronó desde el momento en el que puedes ver a un tío gordo armado con una trompeta y un bombo y la cara pintada de rojo y amarillo en una final de la Copa Davis gritando “¡¡¡VAMOS RAFA!!!” a pleno pulmón antes de cada saque. 

Fans españoles en el Australian Open 2011. Discretos y silenciosos, Meditarráneamente. [link]

Descartada mi teoría conspiranoica, voy a contaros la que más peso tiene y luego unas cuantas más que algunos defienden pero que, a mi entender, son explicaciones más dignas de Cuarto Milenio. 

La teoría más aceptada es que el sistema de puntuación del tenis sea un préstamo del que se empleaba en un juego francés llamado Jeu de Paume (juego de la palma). Este juego data del siglo XII y originariamente, lo jugaban dos bandos (de uno o dos jugadores cada uno) en una cancha dividida en dos por una red donde los rivales se lanzaban la pelota con la mano de una zona de la pista a la otra. 

Ilustración de una partida de Jeu de Paume. Un deporte que, gracias a su popularidad, mantenía limpias las calles de Francia porque la pelota se hacía, principalmente, con piel de rata. [link]

Nada como un Rey para popularizar un deporte. A Luis X de Francia le encantaba esa forma primitiva de tenis y ordenó tener una pista en su palacio real. Así empezaron a proliferar las pistas de tenis en el siglo XIII y, siendo Francia un ejemplo de buen gusto y exquisitez, todas las casas reales europeas quisieron tener su propia pista de tenis. Esto contribuyó a que eldeporte se popularizara y no solo en las clases altas, sino también entre la población general de toda Europa surgiendo variantes muy conocidas como las de Bélgica, la pelota vasca o la valenciana. 

Luis X De Francia, conocido con el sobrenombre de "El Obstinado" y también por su afición al Jeu de Paume y el vino frío (murió, se sospecha que envenenado, después de tomarse una jarra de vino frío tras una partida). Ya sabéis, si juegas, no bebas. Veneo, al menos. [link]

La raqueta no se introduciría (tanto en la versión cancha dividida como en la de pared, dando origen al frontenis) hasta el siglo XVI. Por cierto, que la introducción de la raqueta fue la que dio origen al nombre de tenis. Proviene de la forma de sacar, en donde era habitual que el jugador que servía le gritara al rival “Tenez!” un vocablo del francés antiguo que viene a significar algo así como “¡Toma!”, “¡Ahí va eso!”, “¡Cuidado con este misil tierra-aire!” o “¡Chúpate esa, Marqués de Morondanga!”.

Así es como se debe responder ante un saque demoledor. Con cuidado de no romperte las uñas. [link]

Volviendo al asunto de la puntuación, en el Jeu de Paume que tanto le gustaba a Luís X hacían falta cuatro puntos para ganar un juego. La pista solía ser de unos 90 metros y de unos 45 metros cada lado. Cuando empezaba el juego y los jugadores estaban a 0, sacaban a 5 metros de la red. Cuando un jugador hacía un primer tanto, debía alejarse 15 metros con respecto a la línea de saque inicial. Tras el segundo punto, debía sacar a una distancia de 30 metros y, si hacía un tercer tanto, debía hacer el cuarto y último a 40 metros de la línea del saque inicial. Con la costumbre, los puntos y las distancias pasaron a emplearse indistintamente, dando lugar al actual sistema de puntuación. 


A este chico le dijeron que podía ser lo que quisiera en la vida y eligió ser una pelota de tenis. [link]

Antes de pasar a exponeros brevemente las otras teorías más comúnmente aceptadas quiero contaros por qué cuando en el tenis se tiene una puntuación de 0 se dice “love” (amor en inglés). La teoría más aceptada es que proviene de la expresión francesa “el huevo” (l’oeuf) porque el número cero se parece un huevo a un huevo. Otra teoría muy popular es que en inglés se dice love porque cuando alguien está a cero, no tiene nada que dar, salvo su amor. Vamos, que cuando comenzaba una partida y ambos jugadores estaban a cero, no tenías más que amor para el otro. 

Chicos estirando la lona para proteger el césped. No hay ni uno que no le mire el culete a la tenista (siento no saber decirte su nombre. Yo tampoco le estoy mirando la cara). [link]
En cuanto a la expresión “Deuce” para los empates a 40, proviene también del francés porque en esa situación el árbitro gritaba “a deux” indicando que ambos jugadores estaban a dos puntos de ganar el juego. 

Novak Djokovic, el actual número uno. En esta foto parece que está cantando a pleno pulmón la canción de "Toa, toa, toa te nesecito toa". [link]

Si la explicación de la puntuación del Jeu de Paume no te convence porque eres más del rollo místico, la magia de las figuras geométricas y otras teorías por el estilo, aquí hay otras posibles explicaciones:

La teoría del reloj. Para indicar la puntuación es posible que se empleara un reloj para cada jugador, donde la manecilla indicaba su puntuación de 15, 30 y 45. Cuando la manecilla llegaba a 60, se ganaba el juego. Sin embargo, para evitar que un jugador ganara solo por un punto de diferencia, se introdujo el concepto de “deuce” (empate) y se impuso que la manecilla apuntara al 40 en lugar del 45. Así, si ambos estaban empatados, el jugador que conseguía desempatar avanzaba su manecilla al 50, de manera que si volvía a puntuar ganaba (avanzando al 60) y si volvía a empatar porque su rival le igualaba de nuevo su manecilla se retrasaba otra vez al 40. 

Montaje de Taylor Dent como Hulk. Se le parece en la cara y en el saque. [link]

La teoría del círculo y del sistema sexagesimal. Aunque esta teoría es la más rebuscada, da una explicación plausible de cómo se originó el concepto de juego, set y partido. El sistema de numeración sexagesimal data de la antigua Babilonia y también fue empleado por los antiguos árabes. En ese sistema, la base es el 60 y se empleaba, especialmente, para medir tiempos y ángulos. Haciendo referencia a que el círculo representa la perfección, esta teoría defiende que el objetivo del juego era ganar círculos o sets. El que más círculos ganara, conseguía ganar el partido. Así, si una circunferencia tiene 360º y equivale a un set, cada set debía dividirse en seis partes iguales. Cada set, por tanto, tiene 60 grados y se corresponde con un juego. Como cada juego tiene 4 puntos, cada uno tiene un valor de 15, 30, 45 y 60 grados. 

No pongas esa cara, guapa. A mí también me ha sorprendido la explicación de los círculos... [link]

Al margen de qué teoría te convence más, lo que sí que parecen tener en común casi todas es que lo lógico es que la puntuación fuera 0-15-30-45-60. Al parecer, de nuevo apelando al sentido común, por comodidad y mayor rapidez al hablar, con el tiempo el 45 acabaría expresándose como 40.

De las teorías que expongo, ¿cuál es la que hace Match Point en tu cabeza?

Esta tenista ha preferido permanecer en el anonimato y no revelar su identidad. [link]

Este post se lo dedico a todos mis compañeros habituales de frontenis: Jesús, Jeroni, Javi, Pascual, Rubén, Santos, Isidro, Juanjo y “El Máquina” con los que aprendo en cada partida. Y, muy especialmente, a mi padre, que fue quien tuvo la paciencia y el tesón de enseñarme (y seguir haciéndolo) hace ya casi 20 años. 

Biblio:

lunes, 29 de abril de 2013

Tus datos son tuyos, pero no te pertenecen

Hay un pequeño poema del escritor y pintor libanés Kahlil Gibran que reza: “Tus hijos no son tus hijos/ son hijos e hijas de la vida / deseosa de sí misma. / No vienen de ti, sino a través de ti / y aunque estén contigo / no te pertenecen” (puedes leer el poema completo aquí). Parafraseando a este gran poeta, hoy quiero contaros porqué el eslogan de Facebook es “Regístrate. Es gratis (y lo seguirá siendo)”. El negocio más lucrativo del siglo XXI son tus datos. Datos, datos y más datos. ¿Quieres saber por qué? ¡Sigue leyendo!

Esta infrografía de DOMO refleja el volumen de datos que se genera en la red a cada minuto. Y siempre hay empresas al acecho dispuestas a obtener beneficio de esos datos...(haz clic en la imagen para verla en grande y leerla mejor) [link]

Cada vez que haces una llamada, cada vez que retuiteas, cada vez que haces un “me gusta” en Facebook, cada vez que buscas algo en Amazon o en Google, cuando creas un comentario en un blog (como este mismo), o marcas como favorita una canción en GrooveShark, o cada vez que juegas una partidita al Angry Birds o compartes por correo un enlace de algo interesante para ti, estás dando pistas sobre quién eres. En realidad no sobre quién eres, sino, más concretamente, sobre qué haces en la red: Estás dando información muy valiosa sobre, entre otras cosas, cuáles son tus gustos, tus horarios, cómo se te da superar un determinado nivel en el jueguito al que estás jugando, o desde dónde estás generando esa información (desde un ordenador, una tableta o desde un móvil. Y, si tienes puesta la geolocalización, incluso desde qué lugar lo estás haciendo). 

Lo que dices en Facebook y lo que realmente haces pueden ser dos cosas muy distintas. Así que los datos que obtienen de ti no dicen exactamente quién eres, sino quién dices ser... [link]

Y para poder conseguir toda esa información, la mejor fórmula no es preguntarte directamente por esos datos, sino obtenerlos a través de plataformas (buscadores, redes sociales, juegos) que, generalmente, se ofrecen gratuitamente. Realmente, estos servicios no son gratuitos; tú los estás pagando con tu información. ¿Y cómo ganan dinero con tus datos e información? 

El arte de exprimir datos para obtener conocimiento. En otras palabras: saber qué anuncio te impactará. [link]

Estudios de mercado para grandes compañías. Anuncios personalizados y hechos a medida para ti (en función de tu rastro de datos). Por ejemplo, Google lee todos tus correos de Gmail. Obviamente, no está Eric Schmidt leyéndolos en un cuarto oscuro y averiguando cosas sobre ti, pero hay una serie de robots que sí que los leen para que en la parte superior de tu página de Gmail aparezca un anuncio que, ¡Tachán! tiene que ver con el correo sobre las vacaciones que estás planeando para este verano. 

El Gran Hermano se ha quedado a la altura del betún comparado con lo que los gigantes de las redes sociales y los buscadores saben de nosotros... [link]
 
Algunos (entre los que me encuentro) pensamos que ese es el “precio” que debemos de pagar a cambio de disfrutar de productos estables y relativamente seguro que nos guardan todas las fotos de forma persistente, nos permiten comunicarnos y estar en contacto con los demás o encontrar chollos en internet a precios más bajos que los que vemos en las tiendas. 

"No voy a usar la nube ni en un millón de años y le voy a enviar un correo a mi jefe desde Gmail para decírselo". Mucha gente ignora que servicios 'de toda la vida' como hotmail. skype, messenger o el mismo Google son productos que funcionan 'en la nube'. En pocas palabras, si el programa puede 'leer' tu información, entonces está en la nube. [link]

Otro asunto es si nuestros datos son una moneda de cambio justa o si salimos perdiendo. Esa es la razón que argumentan los creadores de WhatsApp, por ejemplo, para justificar por qué ahora su servicio cuesta 80 céntimos al año. La entrada de su blog que explica esta medida viene precedida por una cita de Tyler Durden, el personaje que encarna Brat Pitt en El Club de la Lucha: “La publicidad hace que queramos tener coches y prendas de ropa, que trabajemos en un trabajo que odiamos para que podamos comprar mierda que no necesitamos”. 

Tyler Durden. Uno de los personajes más "antisistema" que puedas encontrar en una peli de Hollywood. Si no has visto El Club de la Lucha te recomiendo que lo hagas hoy mismo (después de terminar de leerte este post, que te entrarán más ganas aún...) [link]

El post de los dos creadores de WhatsApp continúa diciendo que ambos sumaban 20 años de experiencia trabajando para Yahoo!, que, aunque parezca un buscador, no es más que una herramienta tremenda para averiguar cosas sobre ti y ofrecerte el anuncio indicado en el momento oportuno. Luego apareció Google y se llevó toda la gloria porque sus algoritmos para saber qué buscas y cuándo y desde dónde son mejores. En general, casi cualquier buscador trata de hacer eso hoy en día (salvo alguna feliz excepción como DuckDuckGo). Y lo advierten: cuando se trata de recoger datos para venderte publicidad, el usuario ya no es el cliente; es el producto. Así que, concluyen, la alternativa a no servirte anuncios pero ofrecerte un servicio eficiente es que tengas que pagar por él. Aunque sea el precio de un cortado por cada año de uso. 


Todo lo que es gratis es la red lo estás pagando en realidad con tus datos. Y cuando eso sucede, ya no eres el cliente, sino el producto. [link]
Y es que el negocio de los datos para venderte publicidad es tan lucrativo que, en Estados Unidos, desde hace unos años, este fenómeno se ha extendido más allá de tu móvil, Tablet y PC. Existe una figura llamada Data Broker (como los brokers de la bolsa, pero dedicados a tus datos) que se dedica a averiguar, por ejemplo, quién está embarazada, quién se ha divorciado o está tratando de perder peso, cuán rico eres o qué tipo de coche tienes. ¿Para qué? Para ofrecerte el producto que necesitas: Cosas para tu futuro bebé, esa moto que siempre has querido tener pero que tu, ahora exmujer, no estaba dispuesta a que compraras y cuánto, aproximadamente, estás dispuesto a gastarte en ello. El artículo de Lois Beckett (en inglés) pone los pelos de punta y reclama una mayor regulación legislativa puesto que estos data brokers (y las empresas en las que trabajan y sus clientes, que son los que te venden “la mierda que no necesitas”) están en el límite de la legalidad averiguando datos que permiten identificarte unívoca e inequívocamente.


Aunque todavía no se tipifica como Cibercrimen, sí que es cierto que Europa y Estados Unidos están debatiendo sobre dónde están los límites de la privacidad en cuanto a los datos que recogen de nosotros las distintas compañías de software. [link]
Desgraciadamente, no hace falta un data bróker para averiguar fácilmente quién eres. Ni siquiera hace falta el reguero de datos que vamos dejando por la red. Un informe publicado en Nature el pasado Marzo de 2013 por gente del MIT, la Universidad de Harvard, y otras universidades concluye que hace falta poco más que rastrear las llamadas que haces a lo largo de un día para identificarte casi sin error. 

El método para rastrear las llamadas del MIT era un poco más sofisticado que el que emplea esta mujer. [link]

El experimento consistió en seguir la actividad, durante dos meses, de un millón y medio de abonados a una compañía telefónica. El equivalente a la población de un país pequeño como Luxemburgo, Malta o Liechestein. ¿Qué rastreaban? Únicamente registraban la antena de telefonía a la que el teléfono móvil del usuario se conectaba cuando éste recibía o realizaba una llamada o un SMS. Nada más. Con eso y unos potentes algoritmos aplicados sobre los datos recogidos, fueron capaces de identificar con éxito al 95% de los usuarios basándose en dónde se encontraban entre las 8 y las 10 de la mañana (probablemente yendo al trabajo); entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde (en el trabajo) y entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana (ya en sus casas o vecindario). Y para que el acierto fuera del 100%, solo tuvieron que tener en cuenta 11 franjas horarias en lugar de 3.


Estos son algunos de los usuarios que se prestaron para el estudio. Hay que reconocer que reconocerlos inequívocamente es una tarea bien complicada... [link]

Como ves, si con únicamente las antenas móviles ya pueden saber dónde estás y quién eres, imagínate si tienen, además, acceso a las redes Wi-Fi a las que te conectas, las compras que realizas con tu tarjeta de crédito, las fotos que compartes públicamente o lo que comentas en Facebook, Twitter o Google+. 

"Todos vosotros os reís de mí porque soy diferente. Yo me río de vosotros porque sois todos lo mismo." El afán del hombre por ser único y exclusivo. Cuando se trata de datos, siempre terminamos perteneciendo a alguna categoría, lo queramos o no... [link]

Quizás esta situación sea comparable a la que se vivió en 1930 cuando Edmond Locard demostró que solo hacían falta 12 puntos concretos para identificar unívocamente a una persona a través de su huella dactilar: Aunque somos conscientes de ello, no vamos por ahí con guantes para evitar que nos rastreen. Tal vez estemos dispuestos a que sepan un poco más de nosotros a cambio de poder estar conectados en cualquier momento con la gente que nos importa y a un precio monetario más que atractivo (gratis en la mayoría de casos). Eso sí, siempre que esos datos no se empleen en nuestra contra (por ejemplo, una aseguradora tendría mucho interés en averiguar cuál es nuestro estado de salud real para decidir si nos ofrece un seguro o es "demasiado arriesgado"). Puesto que hay mucha información sensible, es necesario que los Gobiernos comiencen a establecer cuáles son los límites de la privacidad. Si no se quieren escraches, que tampoco se permita a las empresas


¡Compra, compra! [link]

Por ahora, la principal función de recoger tus datos es la de ofrecerte un anuncio adecuado para ti. La buena noticia es que el cerebro es un instrumento espléndido y estamos tan habituados al bombardeo de publicidad en los medios e internet que hace ya mucho tiempo que aprendimos a ignorarlos casi de manera automática. Porque, ¿acaso recuerdas cuál es el último anuncio que has visto? 

Recuerda que no solo generas datos, sino que tu cerebro trata de asimilar los de los demás. Prueba a desconectar un rato ;-) [link]


Biblio (en inglés):

miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Es cierto que la cerveza engorda?


¡Ah! La cerveza. Oro líquido amarillo que no quita la sed ni el hambre, pero que gusta a medio mundo. Independientemente de si eres de las personas a las que les gusta su sabor, habrás oído muchas cosas sobre la barriga cervecera y lo mucho que engorda. ¿Es eso cierto? ¿Es una oscura conspiración de la industria vinícola para perjudicar el consumo de cerveza a favor del vino? ¿Y no puede ser todo una patraña y que, en realidad, el alcohol te ayude a adelgazar? Si antes de seguir leyendo ya has ido a por una cerveza y unos panchitos, espera a leer un poco más antes de abrir el botellín. 

La barriga cervecera que cualquier hombre desearía tener. [link]

Mucha gente se fija en las calorías y los carbohidratos para determinar si un alimento engorda o no. Una pinta de cerveza apenas tiene 150 calorías, muchas menos que las que encontrarás en una lata de refresco negro con burbujas. Sin embargo, quienes solo miran las calorías en una bebida alcohólica están obviando el elemento clave: El alcohol.

Desconozco si el señor de la derecha lleva un refresco, una cerveza o un calimocho. Ante este panorama, ¿acaso importa? [link]

Nuestro cuerpo está diseñado para obtener energía de 3 fuentes distintas: los carbohidratos (azúcares), las proteínas y la grasa. Y se consumen en ese orden. Cuando hay azúcares en el organismo, se queman los primeros. Y si con las cantidades de azúcar el cuerpo obtiene suficiente energía, las proteínas que pueda haber pasarán a transformarse en reserva: la grasa. Así, nuestro cuerpo solo quema grasa (esas lorzas que se acumulan en la panza y en el trasero) si y solo si no obtiene suficiente energía de los carbohidratos y las proteínas que ingerimos.


Aquí vemos a este chico aplicándose una dieta rica en proteínas. Y hierro, porque estoy seguro de que cuando acabe con el filete se comerá la sartén. [link]

Sin embargo, hay una fuente de energía que es como las alubias mágicas de Son Goku: cuando ingerimos alcohol, nuestro organismo lo toma como la principal fuente de energía. El alcohol se transforma en nuestro hígado en acetato y este “combustible”, a parte de servir para quitarse el esmalte de las uñas, es el que primero quiere quemar nuestro cuerpo. Ya no le interesan ni los azúcares ni las proteínas ni la grasa: ¡El acetato es energía pura para nuestro cuerpo! 


Aquí tenemos al encargado de conseguirle las alubias mágicas a Son Goku. A mí me da que se come alguna que otra... [link]

Esto, que en principio podría parecer bueno, en realidad es una pequeña catástrofe para nuestro metabolismo: todo lo que no ingieras junto con las cervecitas o el vinito, pasará directamente a la reserva de veteranos que tienes alrededor de tu panza. Tanto los carbohidratos como las proteínas. 

Cerveza con aperitivito incorporado. Delicioso, ¿no? [link]

 Un estudio de 2009 publicado en la American Journal of Clinical Nutrition así lo demuestra. Básicamente, consistió en dar de beber dos bebidas a 8 voluntarios: una limonada sin azúcar añadido y otra de vodka (así, a palo seco, sin zumito ni refresco), separadas en media hora. En total, cada bebida contenía menos de 90 calorías. Antes y después de cada ingesta se midió el nivel global de oxidación lipídica, que es una medida que indica cuánta grasa está quemando el cuerpo. Los resultados fueron que, varias horas después del consumo de vodka, el nivel de oxidación lipídica había disminuido en un 73%. Es decir, que se quemaba 3 veces menos grasa que tras la ingesta de limonada. 

Este chico cree haber dado con la solución para que las tapitas no te engorden: beber solo cerveza. [link]

Alguno pensará: Entonces el truco está en solo beber y nada de comer, en plan macrobotellón. Ni se te ocurra. Solo beber puede tener unas consecuencias desastrosas para tu cerebro y el resto de órganos. Además, está el hecho de que el alcohol funciona como un potenciador del hambre. Cuando bebes una cerveza en una terracita, normalmente pides también una tapita (o un triste cuenco de frutos secos, que es lo que te ponen en Valencia). Si te la tomas en la comida, es probable que ingieras mayores cantidades de comida. Esas son las calorías que engordan y no la cerveza propiamente dicha. 

El misterio de la cerveza: cuanto más bebes, más engordas, pero más buenorras ves a las mujeres. Y es que el alcohol no solo afecta a tu barriga, sino también a tu cabeza... [link]

Así que lo de la barriga cervecera, por desgracia, no es un mito, sino sencillamente eso: el resultado de muchas calorías que el cuerpo no quema (las de la tapita y la comida que acompañan a la cerveza, ya que la propia cerveza apenas tiene calorías) y que acaban almacenadas como grasa porque el organismo prefiere usar como combustible el acetato que obtiene del alcohol. 

Calorías aproximadas que puedes encontrar en las principales bebidas alcohólicas. Recuerda que la clave no está en sus calorías sino en su gradación: A mayor gradación, mayor depresión del mecanismo de quema de grasas.[link]

¿Significa esto que hay que evitar las bebidas alcohólicas? Pues tampoco hay que exagerar. Y es que el alcohol en pequeñas cantidades puede ser cardiosaludable ya que produce vasodilatación. Las pautas que se recomiendan para a la hora de tomarse una copa son las siguientes: 

- Hacerlo en una comida o después. Así evitarás picar de más, que es lo que pasa a la hora del vermú (antes de comer) o a la happy hour (antes de cenar). 

- Si puedes elegir, elige una copa de vino tinto (unas 60-85 calorías por copa). Es la que menos calorías tiene y la que más beneficios aporta si se toma en la comida. 

Mariano Rajoy, el adalid del vino en España y, de paso, Presidente del Gobierno, elige vino tinto para mantener su cabeza siempre fría y llena de genialidades. ¡Viva el Vino! [link]
 
 - Como segunda opción, estaría el vino blanco y la cerveza, cuanto más clara, mejor. Los licores, con una gradación entre 30-50% de alcohol… casi mejor evitarlos porque prolongan el efecto del acetato en el cuerpo. 

Cómo saber si tenemos un Papa alemán. Sí, ya sé que hemos cambiado de Papa. Francisco I debería beber mate y comer chuletones... [link]

Descubrir que la cerveza engorda (indirectamente, como consecuencia del alcohol) me ha dejado triste y alicaído. Así que tengo dos opciones: hacerme abstemio o beber para olvidar que la cerveza engorda. ¿Cuál elegís vosotros? ;-D 

Esta sí que es la clásica barriga cervecera. Y además peluda, para que os dé un poco más de repelús, si cabe. [link]

Biblio: